En la Universidad de Moa, Dr. Antonio Núñez Jiménez, brilla con luz propia un joven profesor que es, ante todo, orgullo viviente de su casa de estudios. Luis Alberto Pérez García, con una trayectoria que abarca poco más de una década, tiempo en el que ha sabido escribir, con mayúsculas, las páginas más hermosas de la excelencia académica, ha sido pilar fundamental en su propia formación de pregrado y, a la vez, generoso sembrador de alegrías sin límites para una institución que crece y florece al compás del talento de quienes la habitan.
Los lauros que ostenta Luis Alberto iluminan su paso: merecedor del premio Gustavo Furrazola Bermúdez, que la Sociedad Cubana de Geología concede a los jóvenes más destacados en el fascinante universo de las Geociencias; Jóvenes por la Vida de la UJC, por su entrega inagotable en la lucha contra la COVID-19; y la Distinción Antonio Núñez Jiménez, por sus relevantes aportes al desarrollo de la UMoa.

Sin embargo, el más reciente de sus tesoros es la muy merecida Mención como Joven Investigador del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), en el área de ciencias técnicas, galardón que encierra esfuerzo, consagración y frutos palpables en lo científico, económico, social y ambiental.
¿Cómo se explica? Pues su obra doctoral, titulada: «Influencia de las características genéticas y químico-mineralógicas de arcillas caoliníticas de la zona oriental de Cuba sobre la reactividad puzolánica», constituye una respuesta precisa y necesaria ante las urgencias estratégicas del país: encontrar alternativas sostenibles para la industria de la construcción.
En su investigación logró desentrañar la íntima relación entre la génesis de cinco depósitos del oriente cubano (Dumañuecos, Mir, El Cobre, Cayo Guam y Farallones) y su comportamiento tecnológico.
La implementación de sus descubrimientos facilita la producción de cementos ternarios tipo LC3 (clínquer, caliza y arcilla calcinada), logrando sustituir hasta el 50 % del contenido de clínquer. Este avance reduce drásticamente la dependencia de importaciones y de la producción intensiva de clínquer, generando un ahorro significativo de divisas y energía para la economía nacional, como un bálsamo que alivia las heridas de las carencias.
Pero ahí no termina la magia de su aporte. Su labor contribuye directamente al Programa Nacional de la Vivienda, al potenciar el uso de recursos locales para construir hogares resistentes y seguros, capaces de desafiar con firmeza el embate de los huracanes. Además, el empleo de arcillas calcinadas reduce las emisiones de CO₂ asociadas a la producción de cemento, alineándose así con los más nobles objetivos internacionales de mitigación del cambio climático.

Su investigación permite, además, el aprovechamiento de desechos mineros —escombreras y lodos— como puzolanas, disminuyendo el pasivo ambiental que deja la actividad extractiva y devolviendo a la naturaleza un poco de la armonía que merece.
Hoy, Luis Alberto Pérez García coordina el Grupo de Geotecnología de los Materiales en la universidad moense. Su hoja de vida es una muestra de constancia y resiliencia: Doctor en Ciencias Técnicas (2024, con propuesta a mejor tesis del año), Ingeniero en Geología (Título de Oro), y estudios de posgrado en Alemania, Suiza y México, que han abierto sus alas al mundo.
Su prestigio ha trascendido fronteras participando como consultor internacional para firmas como CEMEX (España), Laterite (Italia) y Moctezuma (México); y ha desarrollado trabajos de prospección de arcillas en Tailandia, Malasia, Turquía, Vietnam, Filipinas, Egipto, Marruecos y Reino Unido. Es, además, autor de numerosas publicaciones indexadas en editoriales de la talla de Springer y RILEM, y ha guiado con mano firme y generosa tesis de doctorado y maestría, todas entrelazadas con el alma de su proyecto.
Sus colegas y estudiantes, aguardan con acierto su merecida propuesta al Premio Rosa Elena Simeón. Otra victoria para la UMoa que camina rumbo a su medio siglo, levantando, palmo a palmo, el futuro de Cuba.


