{"id":4280,"date":"2021-05-19T16:05:16","date_gmt":"2021-05-19T16:05:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ismm.edu.cu\/?p=4280"},"modified":"2021-05-19T16:05:19","modified_gmt":"2021-05-19T16:05:19","slug":"el-soldado-mas-querido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ismm.edu.cu\/index.php\/2021\/05\/19\/el-soldado-mas-querido\/","title":{"rendered":"El soldado m\u00e1s querido"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Muchos acababan de conocerlo o solo llevaban d\u00edas con \u00e9l en la manigua y ya le mostraban un afecto inmenso. Mart\u00ed, simplemente, seduc\u00eda con su ejemplo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Publicado: Martes 18 mayo 2021 | 11:20:03 p.m.&nbsp; <strong>Autor Osviel Castro Medel<\/strong><strong><\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>DOS R\u00cdOS, Jiguan\u00ed, Granma.\u2014 Todav\u00eda nos duele aquel domingo. M\u00e1s debieron sufrirlo los hombres que, reunidos con inmenso entusiasmo en Vuelta Grande, hab\u00edan visto discursar a Mart\u00ed ese 19 de mayo, cuando se hab\u00eda producido el esperado encuentro entre tres grandes: Bartolom\u00e9 Mas\u00f3, M\u00e1ximo G\u00f3mez y el Delegado.<\/p>\n\n\n\n<p>Los tres arengaron a las tropas y provocaron la euforia colectiva, aunque casi todos los testigos aseguran que las palabras del Maestro fueron las que m\u00e1s calaron en los pechos de los independentistas. Muchos lamentaron, como Manuel Piedra Martel \u2014uno de los presentes\u2014, que dicha pieza oratoria no haya quedado escrita para la posteridad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abHabl\u00f3 del esp\u00edritu de la Revoluci\u00f3n: sus procedimientos \u2014seg\u00fan \u00e9l\u2014 deb\u00edan ser humanos y generosa su finalidad (&#8230;) entr\u00f3 luego en consideraciones sobre lo que deb\u00eda ser la Rep\u00fablica, poniendo de manifiesto sus geniales dotes de estadista\u00bb, redact\u00f3 Piedra en el libro <strong>Mis primeros 30 a\u00f1os<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que era tal la exaltaci\u00f3n entre los mambises que el General\u00edsimo, despu\u00e9s de la alocuci\u00f3n del Ap\u00f3stol, decidi\u00f3 no esquivar la cercana hueste del coronel espa\u00f1ol Jos\u00e9 Xim\u00e9nez de Sandoval y entablar desigual combate, en las cercan\u00edas del r\u00edo Contramaestre.<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta comprensible entonces la actitud temeraria del Hombre de la Edad de Oro, quien desobedeci\u00f3 la orden de \u00abH\u00e1gase usted atr\u00e1s\u00bb, dada por G\u00f3mez, y se lanz\u00f3 a la batalla acompa\u00f1ado del joven \u00c1ngel de la Guardia. \u00bfC\u00f3mo quedarse en la retaguardia despu\u00e9s de una arenga tan vehemente y solo 14 d\u00edas despu\u00e9s de los desacuerdos con Antonio Maceo en la reuni\u00f3n de La Mejorana? Su lugar, entend\u00eda, era el del peligro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abA la Vuelta Grande, en donde encuentro al general Bartolom\u00e9 Mas\u00f3 con m\u00e1s de 300 jinetes \u2014y Mart\u00ed y mis ayudantes. Pasamos un rato de verdadero entusiasmo. Se areng\u00f3 a la tropa y Mart\u00ed habl\u00f3 con verdadero amor y esp\u00edritu guerrero, ignorando que el enemigo ven\u00eda marchando por mi rastro y que la desgracia preparaba a nosotros, y para Mart\u00ed, la m\u00e1s grande. Dos horas despu\u00e9s nos bat\u00edamos a la desesperada con una columna de m\u00e1s de 800 hombres, a una legua del campamento, en Dos R\u00edos\u00bb, cont\u00f3 el General\u00edsimo en su Diario.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Nos falta el alma del levantamiento<\/h2>\n\n\n\n<p>En realidad la acci\u00f3n del 19 de mayo de 1895 fue una escaramuza militar, pero signific\u00f3 una inmensa tragedia para la naci\u00f3n cubana, pues el \u00fanico ca\u00eddo en combate, abatido por tres disparos, fue precisamente el mayor general Jos\u00e9 Juli\u00e1n Mart\u00ed P\u00e9rez, a quien muchos ya llamaban \u00abPresidente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Manuel Piedra Martel describi\u00f3 el desconcierto generado en la manigua despu\u00e9s del intento infructuoso de rescatar el cuerpo del h\u00e9roe de este modo: \u00abAtardec\u00eda cuando llegamos a acampar otra vez, agobiados por el peso de aquel infortunio. Nadie ahora cantaba, nadie re\u00eda. Nuestras tropas, de s\u00f3lito tan jacarandosas y dicharacheras, se mostraban entristecidas, y, formando aqu\u00ed y all\u00e1 distintos grupos, comentaban con dolorido acento la muerte del Presidente.<\/p>\n\n\n\n<p>En tanto, el propio G\u00f3mez reconoci\u00f3 con pesar: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 guerra esta! Pensaba yo por la noche; que al lado de un instante de ligero placer, aparece otro de amargu\u00edsimo dolor. Ya nos falta el mejor de los compa\u00f1eros y el alma podemos decir del levantamiento\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos acababan de conocer a Mart\u00ed y otros apenas llevaban d\u00edas con \u00e9l; y, sin embargo, todos sintieron aquella p\u00e9rdida terrible.&nbsp; No solo porque hab\u00eda muerto el organizador de la contienda sino, por encima de todo, el ser humano que seduc\u00eda con su ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p>Una muestra de que el Maestro despertaba simpat\u00edas de inmediato est\u00e1 en la frase de Jos\u00e9 Rosal\u00edo (tambi\u00e9n aparece Rosal\u00eda) Pacheco, el prefecto de Dos R\u00edos, quien despu\u00e9s de llevarle \u00abalmuerzo cari\u00f1oso\u00bb, con el fango a la rodilla, le dijo sincero: \u00abPor usted doy mi vida\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro ejemplo de que lo quer\u00edan con facilidad est\u00e1 en el propio <strong>Diario de Mart\u00ed<\/strong> cuando para referirse al mencionado prefecto y al coronel Francisco Blanco (Bellito) expone: \u00abVoy aquietando: a Bellito, a Pacheco, y a la vez impidiendo que me muestren demasiado cari\u00f1o\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas no solo en la manigua la noticia de la ca\u00edda de nuestro actual H\u00e9roe Nacional golpe\u00f3. El peri\u00f3dico Patria destilaba aflicci\u00f3n cuando en un cintillo destac\u00f3: \u00ab\u00daLTIMA HORA. Al entrar en prensa el presente n\u00famero recibimos la cruel certidumbre de que ya no existe el Ap\u00f3stol ejemplar, el Maestro querido, el abnegado Jos\u00e9 Mart\u00ed. Ha ca\u00eddo como un soldado\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Las \u00faltimas horas y un homenaje<\/h2>\n\n\n\n<p>Los \u00faltimos diez d\u00edas de Mart\u00ed transcurrieron en Dos R\u00edos y sus alrededores, con campamentos en Traves\u00eda 1, Traves\u00eda 2, Vuelta Grande o La Jat\u00eda, en los que redact\u00f3 circulares y varias cartas, entre las que se cuenta la inconclusa a su amigo mexicano Manuel Mercado. Ese corto tiempo bast\u00f3 para que se ganara el afecto de los moradores de la comarca \u2014no tantos entonces\u2014 y el de los soldados insurrectos de la tropa de Jiguan\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, su temprano deceso hizo nacer versos de indignaci\u00f3n en la zona, como los recogidos en 1983 por el prestigioso historiador Hugo Armas P\u00e9rez de boca del mamb\u00ed Jes\u00fas P\u00e9rez Maldonado, quien vivi\u00f3 m\u00e1s de 100 a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a1A esgrimir el machete insurrecto\/ \u00a1Guerra muerte a la p\u00e9rfida Espa\u00f1a!\/cuya inmensa ambici\u00f3n, cuya sa\u00f1a\/nuestro ed\u00e9n en brutal convirti\u00f3\/ No haya tregua\u2026 luchad con denuedo\/en maniguas, ciudades y llanos\u2026\/ ya no pueden caber los tiranos\/ donde el noble Mart\u00ed sucumbi\u00f3\u00bb, dice la composici\u00f3n, a todas luces imperfecta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEn esta regi\u00f3n se quedaron en la tradici\u00f3n oral varios versos sin mucho lirismo, pero que hablaban de la inmensa admiraci\u00f3n por Mart\u00ed. Incluso, los pobladores de Dos R\u00edos conservan distintas versiones sobre las \u00faltimas horas del Ap\u00f3stol\u00bb, comenta el investigador.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre esas leyendas con visos de realidad est\u00e1 la de \u00abla botella con sangre\u00bb, que presuntamente enterr\u00f3 Emilia S\u00e1nchez \u2014esposa de Jos\u00e9 Rosal\u00edo Pacheco\u2014 en el lugar exacto de la muerte del autor de <strong>Nuestra Am\u00e9rica<\/strong> y&nbsp; que luego servir\u00eda para levantar el monumento de Dos R\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p>Enrique Loynaz del Castillo en su <strong>Memorias de la guerra<\/strong> relat\u00f3 que el 10 de octubre de 1895 lleg\u00f3 a este lugar con la misi\u00f3n del presidente de la Rep\u00fablica en Armas, Salvador Cisneros Betancourt, de determinar con informaci\u00f3n local d\u00f3nde hab\u00eda ca\u00eddo el Ap\u00f3stol. Fue Pacheco quien lo llev\u00f3 al sitio fatal dici\u00e9ndole: \u00abVea todav\u00eda la huella del cuchillo por donde arranqu\u00e9 a la tierra el charco de sangre coagulada para guardarla en un pomo\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese espacio, entre un dagame seco y un inmenso fustete, a unos 150 metros de la casa de los Pacheco-S\u00e1nchez, se levant\u00f3 una cruz de caguair\u00e1n y se enterr\u00f3 una botella con un acta.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en el verano de 1896 ocurrir\u00eda uno de los m\u00e1s hermosos homenajes a Mart\u00ed en toda nuestra historia. M\u00e1ximo G\u00f3mez, al frente de m\u00e1s de 300 hombres, entre ellos Calixto Garc\u00eda, pas\u00f3 por ese lugar se\u00f1alado de Dos R\u00edos.&nbsp; Despu\u00e9s de mandar a chapear la yerba que tapaba la cruz orden\u00f3 que cada mamb\u00ed tomara al menos una piedra del r\u00edo Contramaestre y la depositara solemnemente donde ofrend\u00f3 su vida el Maestro.<\/p>\n\n\n\n<p>Ferm\u00edn Vald\u00e9s Dom\u00ednguez, el amigo de Mart\u00ed desde la adolescencia, estaba all\u00ed. Qu\u00e9 hermosa coincidencia. \u00c9l nos dej\u00f3 unas estremecedoras l\u00edneas sobre esa jornada de tributo, que hablan del amor al Maestro. \u00abAl pasar el r\u00edo Contramaestre nuestro querido general G\u00f3mez ech\u00f3 pie a tierra y cogi\u00f3 unas piedras de su margen, todos lo imitaron y conmovidos cargaron las suyas. Pronto llegamos al lugar a donde nos congregaba el hero\u00edsmo. All\u00ed hab\u00eda una cruz de madera y en la tierra una excavaci\u00f3n en donde se colocar\u00eda un madero que servir\u00eda de se\u00f1al para el monumento que con las piedras que hab\u00edamos tra\u00eddo deb\u00eda patentizar el recuerdo y el amor al soldado m\u00e1rtir, de los compa\u00f1eros y disc\u00edpulos all\u00ed presentes\u00bb, narr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Y m\u00e1s adelante apuntar\u00eda: \u00abMomento solemne fue entonces aquel en que el anciano ilustre, el bravo general se descubri\u00f3 y con frase en\u00e9rgica, con acento sereno y l\u00e1grimas de amor en sus ojos relampagueantes habl\u00f3 a los cubanos, sus compa\u00f1eros en la lucha tenaz y vencedora por la independencia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El actual obelisco de 16 metros cuadrados, que recuerda al H\u00e9roe Nacional, tiene fundidas a la base esas piedras gloriosas colocadas por G\u00f3mez, Calixto, Ferm\u00edn y todos aquellos patriotas estremecidos. Desde las rocas, rodeadas de rosas, desde el viento y las palmas, Mart\u00ed nos sigue recordando que su ca\u00edda, de cara al sol, no fue el final.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuentes: Dos R\u00edos a caballo y con el sol en la frente, de Rolando Rodr\u00edguez (2002); Mis primeros 30 a\u00f1os, de Manuel Piedra Martel (2001); Memorias de la guerra, de Enrique Loynaz del Castillo (1989); Diario de campa\u00f1a 1868-1898 (1940); La \u00faltima semana de Mart\u00ed, de Grabriel Cartaya L\u00f3pez (en revista La Plata, enero-marzo, 1989); Jos\u00e9 Mart\u00ed: De Traves\u00eda a Dos R\u00edos, de Hugo Armas P\u00e9rez (en peri\u00f3dico La Demajagua, 19 de mayo de 2018).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muchos acababan de conocerlo o solo llevaban d\u00edas con \u00e9l en la manigua y ya le mostraban un afecto inmenso. 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